Los libros son aquellos buenos amigos que nos gusta escuchar. Son amigos que tienen semejanzas y diferencias como cualquier otro amigo y tener que dejarlos, no es fácil ni divertido.
Inmediatamente uno lo cierra, empieza a preguntarse que hará la próxima vez que tenga un espacio en la agenda. Será que el próximo libro me gustará tanto como esté? Uno nunca lo sabrá a menos que tenga el próximo en las manos y se atreva a entrar en sus paginas, colores y olores.
Este era bueno, era la historia de amor de dos seres diferentes que se encontraron por casualidad en un taxi. Si! en un taxi, por cosas del universo compartieron durante dos horas un pequeño espacio de la parte de atrás de un carro. Una hora perdida en la que nadie dijo nada y una segunda hora rellena de palabras, tantas y tan atropelladas que olvidaron darse sus nombres. El salió corriendo y ella lo vio alejarse.
Culpando o agradeciendo a la tecnología, se encontraron en la red y sin pensarlo siquiera estaban marcando el primer encuentro. Y aunque parecía que no iban a poder encontrarse, al final de la noche estaban sentados en una mesa llena de gente. El la cogió de la mano y se acercaron y con toda naturalidad se dieron un beso. Fue como si todo hubiera entrado en sincronía y todos los momentos hasta llegar a ese punto tuvieron que haber pasado sólo para llegar a ese punto. Los dos sonrieron y marcaron una próxima cita.
En la segunda, él la llevó a uno de sus sitios favoritos. Y fue el sitio favorito de ella, se sentaron en la mitad de la plaza, juntaron sus tenis y escucharon música a la luz de la luna. Él, loco con la idea de que fuera la ultima noche y la ultima vez, la llevó a su casa, con el afán de que esa noche no terminara. Ella se recostó en sus brazos y sintió como si cuadrara perfectamente en ese espacio.
La noche acabó y ella tenia que coger un avión. Y se fue... Y dos semanas después, sin aguantarse mas las ganas volvió a coger un avión para volver a esos brazos, a esos labios, a ese espacio. Él la esperó con los brazos abiertos, con la vida abierta de par en par. La llevó a conocer su gente, su mundo, la llevaba siempre de la mano. Y todo parecía ir en sincronía. Los dos parecían estar en el mismo barco, remando juntos, sin mucho esfuerzo, solo dejándose llevar con la corriente. Pero algo pasó, la verdad no sé bien, el escritor no lo dejó claro, tal vez ni el propio personaje lo sabe. En medio de la historia él personaje saltó del barco, tal vez de la misma forma como saltó del taxi... tal vez nunca estuvo preparado para ser encontrado. Sin explicaciones, pero arrepentido, ella lo vio en la orilla y le escucho decir "lo siento, pero no es esto lo que quiero, tal vez en el futuro nos volvamos a encontrar". Ella cerró lo ojos, sintió como un pedazo suyo se quedaba en esa orilla. Cuando pudo llevó el barco hacia la otra orilla, ancló el barco y se bajó. Dejó en ella el collar que él le había regalado. Y comenzó a andar.
Y esa fue la historia. Nadie murió, o tal vez fue un amor abortado, algo que pudo ser y no fue. En fin, no importa ya. El libro se acabó, pero algo que queda claro es que ninguno de los dos dejó de caminar. Tal vez usted, señor lector, se los encuentre algún día por ahí, en algún taxi y decida aventurarse a navegar.
enjoy the ride... Para escuchar: Edad del cielo de Jorge Drexler
