Se acabaron, no hay ni una más. Todo lo que habia que gastar, se gastó.
Muchas veces advertí que no era buena idea llevarme a un lugar de apuestas. Una vez, he contado esta historia varias veces, perdí 5000 pesos jugando guayabita con monedas de 50.
No me puedo quejar, mis fichitas has sido bien gastadas, unas mejor que otras pero todas me trajeron las respectivas alegrias. Estuve en el patio de juegos con todas esas maquinitas y si había algo por hacer con las fichitas era gastarlas. Podría haberlas cuidado mejor, administrado mejor, tal vez haber guardado unas para las maquinitas nuevas. Pero no, ahi estaba yo feliz, disfrutando mis fichitas sin darme cuenta lo rápido que se iban acabando.
Es triste y se siente el vacío en el corazón. Pensar en que uno ya no va a sentir la adrenalina de una maquina nueva, y obervar con nostalgia los juegos pasados. Pero nada, es hora de salir del patio, jugar otras cosas, no más maquinitas, no más gastadera de fichitas. Hora de hacer limpiezas
generales, con puertas cerradas, con ventanas abiertas, con la sonrisa al derecho y no al revés.
