Estaban ahí paraditas temblando, cartas apiladas en forma de
pirámide una encima de la otra, una sostenida con la otra.
El frio, el agua rondaba, pero seguían ahí, juntas, mientras
sigan así todo estará bien.
De repente el tiempo empezó a caminar más rápido y el viento
silbaba amenazando a la base de la torre. Las cartas superiores sudaban de
frio, temblaban, lloraban y sentían la caída, el precipicio en la boca del estómago.
Y nada pasaba.
Dos minutos después, se cayó la primera carta era una de las
cartas de la base, una de las cartas de la mitad. Las de arriba seguían
temblando, seguían llorando y sentían su muerte inminente.
Dos minutos después, cayó la carta de al lado de la primera.
Dos minutos después una carta al extremo derecho...
Cartas superiores fueron cayendo lentamente, tan lentamente
que el viento parecía acunarlas en la caída, era una muerte inminente, pero
bonita, todo parecía andar lentamente, el viento parecía acariciar las cartas e
inclusive sostenerlas. Y esas cartas empezaron a tranquilizarse, mientras caían
se sentían más seguras, el viento las protegía de una caída dura. Esa
protección las llevaba a pensar que tal vez no sería el final, tal vez al final
de la caída habría un colchón poderoso y no se harían daño. Y podrían ser parte
de otra torre, y podrían subir y ser parte de algo mucho más grande. Tal vez podrían
ser también las bases seguras de cartas más jóvenes. "Si yo fuera una
carta de la base nunca me pondría en aquella posición", " si yo fuera
una carta de la base no dejaría que el viento me tumbe" y así, los
pensamientos de las cartas las distraían de la caída, y el miedo se transformaba
en fortaleza, y el miedo se transformaba en esperanza, y el miedo se transformaba
en futuro, y mientras todo cae y quedan algunas doloridas cartas debajo de
otras, las superiores sonríen.
Y nos levantamos y miramos el horizonte plano y vemos el
viento arrastrando compañeras cartas y vemos como algunas más débiles se dejan
llevar, y el viento se las lleva, pero con cariño, y ellas se van tranquilas,
con los ojos cerrados pero con la sonrisa de estar disfrutando el viaje.
Y al final todas sonríen, las que se van, las que se quedan
y las que vuelven a empezar.
Una a una se ayudan a levantar, después de algunos minutos,
paradas en línea, unidas, mojadas, con frio, sonríen, y van pensando en el
siguiente plan, cuál será la modificación de las variables, ¿qué debemos
cambiar?
Vamos a esperar a que pase la tormenta, vamos a dejar al
viento y al agua hacer lo suyo, y cuando todo pase, volveremos a comenzar, otra
torre, otro barco, otro avión, otro juego.
Un juego a la vez, hasta que "la vecina se
atormente" y estemos listos para volver a caer, porque caer hace parte del
juego, porque la vida no acaba cuando caes sino cuando no te levantas.
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