Para escuchar: Sin razón, ni despedida- Paté de Fuá
Camila estaba sentada en un banquillo del parque, tenía en su mano uno de sus libros favoritos. Lo leía degustándolo, saboreándolo y bastante entretenida. Estaba tan concentrada en el libro, que no sintió ni las nubes, ni el frio que anunciaban la tormenta. De pronto una gota gigante, de esas del tamaño de las lágrimas gigantes de Alicia (ref. Alicia en el pais de las maravillas), cayó en la página que leia. La tinta se corrió. Camila trató de cubrilo, trató de secarlo, cerró el libro mientras otras rápidas gotas se colaban por las hojas, débiles y sin protección. Camila se metió el libro por debajo del saco y empezo a correr. Las gotas gigantes seguian mojandola, eran como cubos de hielo. No sabía hacia donde correr, no veia ningun lugar cercano para escampar, no se le ocurrió nunca que iba a empezar a llover. El saco se iba empapando y ella tenía miedo por su libro. Un libro de pasta blandita que no soportaría mucho más. Recordó : "cuando uno no sabe para donde ir cualquier bus le sirve" y así fue como cogió el primer camino que encontró, al final de esa cuadra había una casa con un techo sobresaliente. Llegó, escampó, y siguió con la mirada fija en la lluvia. Poco tiempo después la lluvia disminuyó. No importaba ni lo mojada que estaba, ni la lluvia, sacó finalmente su libro y vio como la portada había cambiado, la tinta se había corrido y fué ahí que le corrió un frío por el cuerpo. No importaba nada mas, empezó a caminar, buscó su camino a casa, las gotas ya no eran duras como el hielo, hasta parecían una ducha caliente, su corazón estaba frio. Botó los restos del libro y pensó: "debo comprar un impermeable para libros", también son útiles para historias tristes. Sonrió, tristemente pero sonrió.
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